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El asesinato de Deysi Yapor y el combate a la corrupción

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POR LUÌS M. RODRÌGUEZ

Como tragedia, la inseguridad ciudadana y la corrupción pública se han adueñado de la sociedad dominicana.
Son los políticos que controlan el Estado los mayores responsables de esta trágica realidad que cada día nos provoca, que cada día nos desespera mas.
Mientras más descarada sea la actuación de los políticos gobernantes en el robo de los bienes y recursos públicos, con más fuerza y desparpajo se expresará la delincuencia callejera.
Son gobiernos como los del PLD y sus antecesores responsables directos de que República Dominicana aparezca en los primeros lugares en el grupo de países  más corruptos, como también aparezca entre los 10 países más inseguros del mundo.
Los recientes casos de asesinatos como el de Deysi Yapor y Jacqueline de la Cruz, en el Distrito Nacional, y el de María Ivelisse Martínez, en Montecristi,  así como el asesinato de los periodistas Luis Manuel Medina y Leo Martínez, en San Pedro de Macorís, son muestras  dolorosas de esta realidad que condenamos.
Un político corrupto rodeado de impunidad por la inacción de una Justicia cómplice, es el mejor ejemplo en sentido negativo para alentar delinquir a un joven que el Estado le negó el derecho a disfrutar de una vida digna o a un padre de familia a quien le negó el derecho al trabajo.
El daño que provoca la corrupción pública es a la vez que moral, social.
Crea ciudadanos/as que guiados por bastardos propósitos recurren a los  más brutales y violentos procedimientos.
Hechos como el asesinato de Yapor cae como una dura maldición sobre el gobierno de Danilo Medina.
La deuda social que estos malos gobernantes han acumulado con el pueblo, deuda que se incrementa al crecer la corrupción, expande el camino hacia la delincuencia y la inseguridad ciudadana.
Además, la enorme brecha social que hay entre los pocos que mucho tienen y los muchos que poco tienen, es una burla y una provocación para millones de dominicanos/as.
Por eso, la parte más consciente del pueblo no debe ni puede descansar en su lucha contra estos malos políticos.
Hay que salir de ellos, para bien de la mayoría