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Los negros de piel. también son hijos del Supremo Creador

Por Rolando Fernández

Cuando uno repara en determinados comportamientos, que periódicamente observa la sociedad mundial, se da cuenta de la tanta inconsciencia espiritual que ostenta la misma; y, del desconocimiento que se tiene sobre la real esencia de la especie humana.

En ese tenor, qué no solo se es un cuerpo de carne y huesos, como es lo que muchos creen; sino qué, esa estructura nada más constituye el templo para manifestación del verdadero hombre: el Ser divino encarnado para expresión; y, que esa economía física es digna de honra en todo momento.

Claro, de eso solo se percatan, los que se han preocupado por hurgar en el ámbito esotérico propiamente, en busca de las edificaciones necesarias, a los fines de conocer la verdadera naturaleza de los humanos, y siempre actuar en consecuencia.

Es obvio que, a veces, tal condición “ignorantil” en los terrestres, es provocada a partir de los convencionalismos aceptados ciegamente por las feligresías, que no escudriñan, como es lo que debe ser, sobre las creencias que abrigan; y, que se proclaman, al igual se tratan de imponer, desde el abanico generalizado de las tradicionales sectas religiosas mundanas.

En Todas aquellas, con los disidentes que siempre confirman la regla, nada más se llevan de los curas, y los pastores que les hablan desde los púlpitos; o, le instruyen a su manera, por carecer de conocimientos profundos también; cuando no, debido a las conveniencias personales o grupales que les impulsen.

Entre las actitudes cuestionables y contradictorias que se dan en los hombres (general) hoy, relacionadas con las apariencias físicas, y hasta la manera de pensar de cada uno, está la discriminación racial, que no es un secreto para nadie, prima desde tiempos inmemoriales.

Principalmente, se ha venido dando esa con respecto a la raza negra, qué es innegable, también forma parte de un gran segmento de los habitantes del planeta Tierra; y que, como es obvio suponer, esa negrura no debería hacer tan despreciables a sus componentes, ya que ellos son hijos de Dios, al igual que los demás.

Luego, las grandes interrogantes que asaltan, de forma tal que aguijonean siempre son: primero, por qué hay que denigrar y despreciar a esas personas; y, segundo, a la vez considerar a esos seres, coloreados de negro, como notas discordantes en casi todos los ambientes terrenales.

Acaso no son esos hijos del Supremo Creador también, hechos a imagen y semejanza de Este, como Atributos divinos; como una Idea de Sí Mismo en Manifestación, para Expresarse en el plano de la materia densa. (Véase obra: “La Vida Impersonal”, de Joseph S. Benner).

El único “delito” de esos representantes terrenales, podría decirse, con muy poco temor a equivoco, es el color de su piel, que, si les es levantada a todos, nada diferente a los demás congéneres habrá de aparecer internamente en sus economías físicas.

Amén del color negro de su piel, se les tribuyen otras características de naturaleza psíquica, y temperamental, que no se estiman muy apropiadas – tienen que ver con el prediseño de las corrientes de vida que se cursan -, y que les hacen diferenciar un poco de otros; pero, qué no son incorregibles, por lo que tampoco jamás les convierten en seres despreciables, como aborrecibles en extremo.

La primera “conjetura” que llegaría a la mente de cualquier pensante medio, a ese respecto, es que, los blancos, con pelo lacio, se consideran ser los únicos hijos de Dios. Y, otro pensar algo atrevido que asaltaría, lo sería el admitir, aunque sea “por asomo”, como se dice, la expresión despectiva de un amigo nuestro, en el sentido de que: “prietos y pobres los hizo el Supremo para relleno, y así poder completar el mundo”.

Evidentemente, ambas clases son necesarias sobre el planeta Tierra. Pero, no es la forma más correcta de referirse a esas; como tampoco creemos, sea la razón de su existencia. ¡Son pareceres infundados hasta cierto punto, con muy poco sustento lógico!

En el orden de lo tratado, se tiene que pensar en las misiones divinas asignadas que cumplir por parte de cada cual sobre esta Tierra; al igual que, las cargas kármicas objeto de conquista puestas sobre los hombros de los seres humanos durante cada corriente de vida a cursar.

El prediseño llevado a cabo en cada una de esa, nunca se debe dejar de lado. El mismo incluye clase social a la que se habrá de pertenecer, blancura, negrura, condiciones económicas a prevalecer, y el entorno requerido, etc. como condicionantes evolutivas necesarias.

Por tanto, ¡cuánta equivocación envuelven determinados razonamientos en los humanos! Con igual condición física, blanco, y pelo lacio, la generalidad de los terrestres siempre conciben al Creador del Universo, y le asocian con los terrícolas. También ocurre con el mismo amado Maestro Jesús, que durante su ministerio terrenal encarnó la Magna Conciencia de Aquel (el Cristo).

Asimismo, se verifica también la concepción de blancura atribuible, respecto de los ayudantes dentro de la Corte Celestial: Principados, Serafines, Querubines, Arcángeles, Ángeles, Santos, y demás. La idea es, qué no hay allí prietos, ni feos; sino, que todo es blancura y bonitura

La gran inquietud, que a cualquiera pone pensar en consecuencia es, el por qué, si nadie ha visto jamás a Dios, como bien aparece expuesto claramente en algunos libros de las Sagradas Escrituras (Biblia), al alcance de todos, de dónde sale la tanta animadversión hacia las personas de color oscuro en muchos lugares del mundo, máxime si son pobres. ¡Extraño eso, verdad! ¿Será por entenderse como una falta de correspondencia racial con el Creador, y todos los seres divinos?

Ahora, Dios puede ser blanco o prieto, y eso ningún hombre lo sabe. Tampoco se conoce su sexo. Algunos osan atribuirle la condición de hermafrodita, y en ella fundamentan el nacimiento de Jesús, por obra y gracia el Espíritu Santo. a través de la Virgen María, sin la participación de hombre terreno alguno. ¡Capacidad para crear por sí Mismo, Padre y Madre!

Luego, el asociar la etnia de los hombres (general) con el supuesto color de la que tiene Dios, blanca, lo que al parecer inclina a muchos terrícolas hacía de la discriminación de que se trata, cabe reiterar, y las consecuencias mundiales derivadas, luce como una “incongruencia tozuda”, de esas que han venido poniendo en tela de juicio un sinnúmero de enseñanzas de corte religioso convencional; y, que han dado origen a la creación de las diversas sectas del orden existentes; que buscan al mismo Dios, tal se sabe, y utilizan como instructivo principal,  igual libro sagrado, la Biblia.

Tantos son los efectos que se generan del discriminar entre los hombres (general) negros y blancos, que a alguien se le ocurrió escribir una pieza musical (salsa), en la que incluyó palabras bastante reveladoras alusivas a la problemática aquí abordada.

Sus decires poéticos, a pesar de los años ya cursados, después de que fueran hechos públicos, siempre invitan a una reflexión sosegada. Escribió y musicalizó aquel: “Si Dios fuera negro mi compay todo cambiaria”, (Rubén Blade), agregando a ese pensar mismo expuesto, entre otros, lo que ocurriría en el marco de la sociedad mundial: ¡prietos serían todos!; y, la nueva concepción obvia de negrura, que se atribuiría también por extensión, a los ayudantes del Supremo Creador.

 

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