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Difícil…Difícil…Difícil… ¡Combatir, erradicar, recuperar!

 

Por: Rolando Fernández

Cuando se escuchan los pronunciamientos, y se repara con sostenida atención en los contenidos de los análisis bien objetivos que hacen determinados políticos independientes, de los pocos que quedan entre nosotros, principalmente con respecto a la considerada ya como endémica corrupción estatal, y las conexidades fehacientes que se dan con el sector empresarial, patrocinador de campañas electorales cada cuatrienio, se arriba con facilidad a las siguientes, y dolorosas conclusiones que se exponen aquí más adelante.

Ese es un tremendo nudo, tan intrincado, como difícil de desenredar, que bajo el esquema de gobernanza imperante en el país – seudo democracia representativa –, colmado de demagogias a granel, y falsías por doquier, muy poco se podrá resolver.

Y, con el agravante adicional de tampoco disponerse de un marco judicial independiente por completo, con “actores” que sean calificados en su mayoría, y conscientes de sus deberes para con la Patria, el asunto se torna peor aún.

Más, considerando que tampoco se puede contar con un Congreso de la República dispuesto a colaborar; a cumplir con el rol verdadero que le corresponde; y, que lo han convertido los políticos en los últimos tiempos, nada más que, en caja de resonancia “homologadora” de cuánto haga el Poder Ejecutivo de turno.

Y, menos factible se hacen las tareas necearías en ese tenor, sin el acceso oportuno a una prensa. no amarilla, que ofrezca el concurso combativo pertinente; que jamás esté comprometida con intereses particulares; como, tampoco repleta de mercaderes corporativos, respecto de informaciones interesadas, a los fines de su publicación diaria, o cuando sea, de esas que son servidas desde los sectores políticos y empresariales que gravitan en el país.

Es por ello que, debido a tales innegables circunstancias, casi imposible se torna el combatir tan lacerante flagelo, por más alharacas demagógicas y politiqueras que se oigan casi todos los días, en términos de pretender dizque enmendar la tan deleznable situación presente aquí, en el sentido de lo que se trata.

En el mismo orden, si difícil se hace combatir esa práctica dolosa a todas luces, la erradicación de la misma dentro del esquema estatal vigente,  es obvio que pasa a ser más que imposible; y, que el mal habrá de permanecer perjudicando a este pueblo-víctima, hasta tanto el mismo se empodere, y se incline por imponer un mandatario libre de ataduras con los grupos económicos hegemónicos, que son los que finalmente trazan las pautas gubernamentales a seguir en esta nación, y que catapultan a determinados  “personeros”, para que vayan al poder, y funjan más bien desde allí como títeres en favor de aquellos,

Este pueblo tiene que inclinarse por alguien que realmente vaya a representarle, como a defender los intereses de la Patria; y, no a enriquecerse junto a su séquito acompañante.

Por supuesto, no solo a trabajar en favor de los ricos del país; a igual que, de los que apadrinan campañas durante los procesos electorales que se celebran cada cuatrienio, tal ha sido la práctica durante los últimos años.

Queda claro entonces, que, si bien difícil se hace el combatir y erradicar el flagelo de que se trata, mucho más más lo sería el recuperar, aunque sea en parte, los jugosos recursos que proporciona esa deleznable fuente, probablemente lo más importante, los cuales se podrían utilizar para cubrir en lo posible, un razonable porcentaje de las necesidades perentorias que, en términos de salud púbica y educación, entre otras, vienen agobiando a este pueblo.

Evidentemente, muy ardua y conflictiva harían esa labor los abogados de nuevo cuño, defensores de los inculpados que los contraten, y que en su mayoría ahora fungen como cómplices de sus clientes, y no como colaboradores del Poder Judicial, tal es lo que debería ser.

Buscarían esos letrados todas las formas de entorpecer y alargar los procesos que se sigan; como, de quedarse con una gran parte de los cuartos robados al Fisco. ¡Aprovechar la ocasión, para beneficiarse también!

¡Difíciles las tres cosas, cierto o no! Y, la pregunta obvia que asalta es, hasta cuándo este pueblo permitirá que todos estos políticos de nuevo cuño, en connivencia con los grupos empresariales que los respaldan, continúen “esquilmándole”; burlándose de él, e hipotecando la soberanía del país, a través de la concertación de tantos empréstitos con el exterior, cuyos recursos recibidos no se sabe en realidad a dónde van a parar.

Y menos, se puede conocer hoy, por lo que este país estaría en capacidad de producir mañana – incertidumbre -, cómo se pagará después el gran cúmulo de los préstamos concertados en el presente cuya cadena comenzó a tejerse desde hace ya varios lustros.