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El mago Simón

Tengo la inmensa dicha de ser amigo de don Simón Alfonso Pemberton y de su familia. Definitivamente una leyenda de la hípica nacional.

Aunque nunca fui un entusiasta de las carreras de caballos, el «A correr fanáticos» en la voz de Simón, cuando comenzaba una carrera en el antiguo hipódromo Perla Antillana, le daba a los domingos dominicanos, un toque especial de fiesta que todos disfrutábamos.

¿Quién no gozó las descripciones del mago, desde la torre de marfil, cuando el pelotón de equinos doblaba «por la curvita de la Paraguay»?

Fast Hands, Pedrito, Felo Flores, fueron nombres de caballos que se hicieron famosos, no solo por sus velocidades en la pista, sino también por la sazón que le ponía la voz de este cocolo inmenso.

Varias generaciones de dominicanos, tuvimos la dicha de tener un sabor dominguero con la famosa cantada de la Lotería Nacional en las mañanas dominicales, pero complementadas magistralmente por las narraciones de esas carreras de caballos en las tardes.

Como dijimos al principio, no fuimos fanáticos del deporte de las antiojeras y fuetes, pero de vez en cuando sellábamos un cuadrito.

Recordamos que una vez le pedimos a uno de mis hermanos que nos sellara uno. él, que si sabía de hípica, al observar los ejemplares que habíamos seleccionado nos dijo: «Si este pool se da, cierran el hipódromo»

Creemos que esa vez logramos algo que pocos habrán logrado y que es igual de difícil que acertar los ganadores. Todos los caballos que seleccionamos, ¡llegaron último!

Pero, como dijo el barón Pierre de Coubertin, lo importante no es ganar, sino competir»

Con el entusiasmo y la pasión que le ponía el mago Simón a sus narraciones, valía la pena de perder un par de pesos, sellando un pool que no tenía el más mínimo chance de ganar.

Pero, en esta ocasión, no debemos esperar el foto finish, para saber quién es el triunfador.

Don Simón Alfonso Pemberton siempre llegó a la meta, no por una nariz, sino «marcando el paso» Nadie mejor que él.

Es el único dominicano que ha logrado detener todo un país con su voz. Cuando Simón narraba una carrera, la nación entera se paralizaba. Solo seguían corriendo, los caballos. Nuestro hipódromo se honraría llevando su nombre.

Démosle esa satisfacción, no solo a él, sino a esa fanaticada del deporte hípico que tanto disfrutó de su talento. Hagámoslo ya.

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