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¡Se les fue de las manos a las autoridades locales!

Por: Rolando Fernández

¿Qué se ha ido de las manos en Dominicana? La falta de obediencia civil; la inobservancia a las leyes vigentes básicas en el país; el descalabro de las instituciones estatales; la violación a las normas de convivencia civilizada; la inseguridad ciudadana; y, la deshonra marcada a los símbolos patrios, entre otras cosas.

En fin, esta es una nación que está a punto de tener que ser declarada como tierra de nadie; o, tal un Estado fallido más en el área del Caribe, donde hasta infunde temor el tener que transitar por sus calles y avenidas.

Aquí nada, ni nadie está seguro. Y, amén de eso, tampoco se dispone de organismos fiables, como de oficialidad alguna, ante quien reclamar, cuando se presente la ocasión.

Hacer eso en esta nación, es perder el tiempo, y hasta correr ciertos riesgos probables de peligros. Qué lástima el tener que abordar realidades como esas. Pero, tampoco negarlas, sería lo debido.

Evidentemente, “no hay efecto sin causa”. Y, todo obedece en gran parte, a la adopción de la seudo   democracia representativa que desde hace años rige entre nosotros, y que se reporta más bien como un “sonoro” libertinaje a todo dar.

Claro, también a la inconsciencia ciudadana, para elegir a quienes han dirigir el país cada cuatrienio. “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”, dicen los que saben, los cual es muy cierto.

Indudable es que, aquel loable sistema de gobernanza, cuando bien asimilado y aplicado resulta, ha sido muy mal interpretado por un buen número de los políticos que les ha tocado dirigir la nación dominicana hasta el momento.

También, por parte de la población misma, que carente de formación básica en su mayoría, y de edificación sobre las características principales de esa referida forma de gobierno, contribuye con el gran caos que se aprecia aquí en todos los órdenes. Incide, además, lo concerniente a las convivencias aceptables que han de regir siempre entre los ciudadanos, ignoradas por completo, no cabe duda.

Con relación a ese tenor último, y como es obvio suponer entonces, se debe de exigir a los pueblos el cumplimiento de los deberes, y las responsabilidades atribuibles a esos. Muy importante es que, los mismos deben estar conscientes de tales reglas, o normas regulatorias.

¡Pero no! Son aspectos los citados con anterioridad, qué aquí se han dejado de lado totalmente. Los políticos, por su lado, hacen cuánto les da la gana, tan pronto logran alzarse con el poder. ¡Se creen los amos y señores!

Y, fungen nada más que como administradores de lo que consideran una finca de su propiedad ya adquirida, en compañía de los socios que financian sus campañas electorales.

Esos agraciados, a los que se encarga de la administración de la cosa pública entre nosotros, cada cuatro años, solo se representan a sí mismos. ¡Qué pueblo, ni pueblo! Se considera que ése nada más sirve para ir a votar. El tondo útil aprovechable se le cree.

Luego, ¿qué les importa los procederes ciudadanos que se observen más adelante? Sí, el que siempre esté dispuesto a soportar, como “burro de carga” los gravosos tributos impositivos que se impongan.

Igual actúan aquellos con respecto a su séquito acompañante, compuesto de ordinario por adeptos partidaristas, y los representantes de los poderosos grupos económicos empresariales que patrocinan sus aspiraciones, a los que también les toca parte del “pudín” estatal a repartir.

Se puede decir entonces, sin temor a equivoco alguno, que debido lo expresado, todo anda aquí, en la nación dominicana, “manga por hombro”, como reza un dicho popular.  ¡Y, qué eso sí que es verificable a todas luces!

Qué, sí es fehaciente, el libertinaje que se vive en Dominicana; la trepadera de avivatos; y, los advenedizos desempeñando cargos públicos, “atrapa cheles”; factores tales, qué en mucho contribuyen con esa despreciable situación social aludida.

Una de las mejores muestras, entre las más evidentes, por supuesto, para comprobar en parte lo externado, es el desorden que se verifica en el tráfico vehicular nuestro, capitaneado por “animales conductores”, desaprensivos, e incontrolables, en su mayoría, que laboran, o se distraen paseando, frente a al volante de un vehículo.

En adición, complementa el feo espectáculo vial, la “plaga” de los motoristas que circulan a diario, cuyos “actores, desprovistos de documentación alguna, en un alto porcentaje, no tienen miramiento alguno para moverse por doquier, llevándose a cualquier persona, por delante. ¡Las aceras también son de ellos!

Por igual se aprecia un caos mayúsculo, en el mismo desplazamiento peatonal, que se debe hacer, transitando tirada la gente a las vías públicas, corriendo riesgos notables, ya que los espacios destinados  al mismo, son usados para múltiples actividades muy distintas entre sí, incluido el depósito de basuras, chatarras, como de materiales de construcción; instalación de talleres; por venduteros públicos; y, para extensiones de  negocios formales, instalados en determinados lugares que favorezcan la acción, hasta ocupar gran parte de los pasos peatonales..

La verdad es que, ante una panorámica como la descrita más arriba, ¡se puede estar hablando aquí de autoridad sentida, bajo un esquema de democracia representativa así instaurado!  ¡“Bueeno”!

¡De qué este pueblo tiene alguna representación real, a nivel de los tres Poderes del Estado nuestro!; ¡como, de que esos trabajen con intención valedera, a los fines de procurar reales enmiendas, que vayan en beneficio de la convivencia humana óptima a nivel local, y el desenvolvimiento requerido por esta población!

Evidentemente que no. Y, que, en el marco de tal democracia, así asimilada por gobernantes y gobernados, como puesta en práctica por demás, lo que se está es en presencia de más falsía, que de otra cosa; de “cuadre y cachucha”, como diría un caro amigo nuestro.

Por consiguiente, más que notorio se reporta, que bajo el precitado sistema político que rige en el país, cabe reiterar, muy poco posible se hace controlar nada entre nosotros; como tampoco, el que las autoridades puedan imponer el imperio debido de las leyes y normas vigentes.

¡Lamentablemente!, se les fue de las manos el control de todo a las autoridades dominicanas, se debe repetir. Y, agregar que, ¡hace mucho tiempo!

Qué solo bajo la instauración de un régimen de fuerza, encabezado por un dictador, con una mentalidad avanzada, se podría retornar a la gobernabilidad nacional debida; como, a todo orden y respeto necesarios, a honrar por parte de la población.