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Ellos y solo ellos cargarán con la culpa de ver morir al CDP


Por Olga Capellán

La posible división con la suscitada crisis institucional del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), tras el intento electoral del pasado 27 de Agosto, y la marrulla llevada a cabo por la actual directiva, y la mal llamada Comisión Electoral contra el más popular de los candidatos para ocupar la presidencia del Comité Ejecutivo del gremio que agrupa a los profesionales de la comunicación.

Claro se ha visto y según han dicho los conocedores del asunto, el CDP se encuentra al borde de una división, lo que sería el golpe de gracia dado por las actuales directrices con esta institución que agrupa a más de 4 mil profesionales, gremio creado a sangre y fuego, no por aquellos que hoy se agencian la propiedad del mismo, sino por los sensatos que lucharon por su creación y que hoy luchan por la supervivencia del mismo.

Se debe considerar como un acto bochornoso y perverso la maniobra hecha por los dueños del circo en contra el prominente periodista, Lic. Rafael Polanco, orgullo para la clase, al que hoy algunos insensatos pretenden desconocer sus derechos, a pesar de haber sido uno de los principales fundadores de dicho gremio periodístico.

¿Qué  pretenden hacer estos insensatos con nuestro gremio?

Al negar la participación a Rafael Polanco, sin ningún motivo al ser postulado por los Movimientos Raphy Durán y Juan Andújar entre otros grupos de periodistas independientes, quedó bastante claro, que esta gente que han hecho del CDP un  “modus vivendi”, con el cual garantizan un Status Social, el cual debe tener un término, pero ya, en nuestro caso que pagamos nuestra cuota anual por adelantado, sentimos impotencia de ver como se nos desconocen nuestros derechos al impedir que podamos elegir y ser elegidos, como manda la Constitución de la república o Carta Magna, es por ello que ante el fracaso de la intentona electoral pedimos la aplicación de los artículos 6 y 7 de nuestro reglamento interno, a fin de que haya igualdad para todos los integrantes del CDP, sin que nadie o ninguna facción se agencie su propiedad.

Es lamentable que en una institución de profesionales donde todos deberíamos tratarnos con gran cordialidad entre colegas con igualdad y respeto, donde se practica todo lo contrario.

El intento electoral no llenó el cometido para que las mismas fueran legalizadas, primero por la exclusión de Rafael Polanco del padrón electoral y su posterior declaración como fallecido para así impedir su participación como candidato seguro ganador de las mismas, y segundo porque no alcanzaron el 50 por ciento más uno de la totalidad de sus miembros en votación, lo que amerita la aplicación de los artículos 6 y 7 del reglamento interno, además del artículo número 45, el cual no pueden ser ignorados ni por la actual directiva, y mucho menos por la mal llamada Comisión Electoral, ya que se trata de un asunto Constitucional.

Al CDP hay que llevarlo a su propia legalidad si se pretende su permanencia como institución que agrupa a los periodistas profesionales, de lo contrario, ya que  si perdura tal situación se corre el riesgo de una inminente división, lo que habría de evitarse a todo costo, porque de lo contrario ellos y solo ellos cargarían con la culpa de la no permanencia del colegio con ente social con su desaparición.

El CDP es una institución que nos perteneces a todos, y no un conuco agrícola con propiedad de un grupo de parceleros.

A través de esta nota instamos a aunar esfuerzos por la permanencia de nuestro gremio profesional, hacer del mismo un CDP fuerte, capaz de enfrentar los diversos avatares que se presenten a favor de la sufrida clase periodística, y a quienes constantemente  se les violan sus derechos a  la sobrevivencia, ya no solo como entes sociales, sino también como profesionales de la pluma y el papel, muchos de los cuales al día de hoy viven casi en la indigencia, mientras tanto los dueños de medios que no pagan el debido 0.50% correspondiente a la publicidad, así como las instituciones públicas y privadas que miran hacia otro lado, mientras un grupo de miembros se encuentran atrincherados bajo la ruina de un edificio al borde del derrumbe, ya que con su caída se amenaza con acabar con la existencia del mismo.