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Votos por empleos, u otras prebendas después, ¡qué esperanza!

Autor: Rolando Fernández

Mientras aquí se continúe con la actitud ciudadana de sufragar en favor de un determinado candidato a la presidencia de la República, solo con el objetivo de conseguir un empleo en el Estado nacional, o recibir prebendas diversas, de otro tipo, “estamos fracasados”, como dice un caro amigo.

Obvio que, jamás se podrá salir a camino en Domnucana. Es todo lo contrario cuánto se advierte. “Se seguirá cuesta abajo”, como dice un canto popular; que, lamentablemente, es lo que viene ocurriendo desde hace años ya.

Claro, es ese intercambio lo que promueven los negociantes que se destacan dentro del ejercicio político a nivel local; la intención a la que se induce al “populacho” votante, como a determinados grupos empresariales patrocinadores de campañas, desde el seno mismo de las instituciones partidaristas que se gasta la nación, cobijo indiscutible de los inversionistas señalados dentro de ese ejercicio, que han venido haciendo grandes negocios durante los últimos tiempos.

Como es lógico suponer, se espera que, cuando cualquier ciudadano en esta República, que se encuentre dentro de esas lides partidaristas, y que son los más propensos a alzarse con el poder, logre alcanzar la primera magistratura del Estado nacional, para desde allí tomar las riendas del gobierno, tiene que ir a la posición con el propósito definido de fungir en lo adelante como administrador de la gran empresa denominada “Nación Domincana”, si es que en verdad quiere servir al país; y, que no sea  solo para la obtención de lucros personales, como grupales, y el otorgamiento  de empleos a votantes..

Qué no es a politiquear nada más; nombrar en cargos públicos a los miembros de la base de partido de que se trate; y, que se entiende hicieron el trabajo electivo, por lo que claro está, merecen ser compensados de alguna forma; pero, sin que se hagan las exigencias irreflexivas acostumbradas; que se piense, además, en las capacidades que se tengan.  Mucho menos, procede estar haciendo negocios, aprovechando la poltrona principal que es ocupada.

Tampoco, para reciprocar, como es lo que se estila por lo regular, con quienes le respaldaron electoralmente, en términos económicos y demás. Sí, es lo procedente, el ir trabajar en favor de todos los dominicanos, sin distingo de clase, o partidarismo alguno.

Con relación a esa aspiración presidencial de servir a una República, lo que debe ser, por supuesto, hay un decir popular que reza: “ningún capitán sin soldados gana batalla”. Luego, ¡qué se observe el mensaje claro que ese envuelve!, para así evitar fracasos previsibles, después de estar gobernando.

Por tanto, para todo lo que en un país se quiera agenciar, desde la primera magistratura del Estado, en términos individuales, se debe contar con el apoyo de un equipo concursante hacia abajo, jerárquicamente hablando, que tenga las actitudes y aptitudes requeridas.

Por consiguiente, es en ese orden siempre, que deben ir todas las designaciones que se realicen; no es en línea con ofrecimientos, o reciprocidades de carácter electoral, como pago por el favor del voto recibido, o financiación de la campaña.

Entones, es obvio que, se tiene que buscar, necesariamente, gente para las posiciones; no puestos para adeptos y votantes; sino, personas que reúnan los requisitos exigibles para los cargos gubernamentales, que puedan ayudar al presidente de la República, en cuanto a resolver los problemas nacionales que se tengan de frente.

En ese orden, y por lo que se aprecia, esa concepción luce como algo olvidada, hasta ahora, en el actual mandato presidencial dominicano, con resultados visibles poco aceptables, más que fehacientes, lo cual invita a sugerir el prestar la atención debida a ese paradigma, con el mayor respeto posible que merecen nuestras autoridades.

Al igual que ocurre a nivel de las empresas privadas, cuando alguien es designado para dirigir, o administrar cualquier entidad del ramo, cuyos activos se debe de salvaguardar; eficientizar su operatividad; y, hacerle más rentable cada vez, se tiene que proceder de la misma manera, cuando de la administración de algún Estado cualquiera se trate.   en términos de reclutar los recursos humanos acompañantes requeridos,

Por tanto, como contraproducente siempre se habrá de reportar el hecho de que, la población votante de cualquier nación, en su mayoría, solo esté pensando en la obtención de un empleo, luego de que gane el candidato favorecido en las urnas por ella; dejándose de lado, el bienestar general que se pueda derivar de un nuevo mandato gubernamental que se logre, al que tantos de seguro aspiran.

Ahora, si bien es cierto que, con relación al equipo de apoyo inmediatamente cercano al presidente electo, sus componentes deben reunir los requisitos de lugar, para poder recibirse el concurso que se espera de ese personal, condiciones que procede “olfatear” previamente el mandatario, no es menos cierto que, el pueblo también debe hacerlo con respecto a quien habrá de dirigir la nación durante el próximo cuatrienio de elección que corresponda. ¡No votar por cualquiera!

Eso, siempre en pos de lograr la selección que más convenga para todos los dominicanos., en el caso nuestro, De alguien que venga en procura de enmendar cuántos entuertos se tengan a nivel nacional; y, que esté en disposición real de ir a trabajar con abnegación, en favor del conglomerado social correspondiente, algo que en definitiva beneficiaría a todos.

De la misma forma que el presidente electo debe saber elegir a los miembros de su equipo ayudante, vale reiterar, para bien administrar la empresa estatal puesta en sus manos, también al pueblo le corresponde escoger bien a quién entregará las riendas de la nación; que no lo defraude más; que haga todo lo  correcto; que defienda con voluntad sentida la soberanía nacional; que endeude menos la República; y, que combata de frente la corrupción estatal; que viene socavando las bases de las sociedades todas, incluida la nuestra, obviamente.

Es en esa dirección que debe ir el respaldo de todos los votantes, verbigracia los dominicanos, en favor de cualquier candidatado presidencial que se postule para dirigir una República. No solo es para luego estar exigiendo empleos y prebendas a cambio. El objetivo principal debe ser, qué se vaya a trabajar en favor del país, y que el bienestar sea extensivo para todos los ciudadanos.

En el caso específico de Dominicana, como de las demás naciones, se debe decir, sin temor a equivoco, qué solo así se podrá hablar de progreso y desarrollo en torno a las mismas. ¡Qué se comprenda pues, esa concepción!