La política de responsabilidad social engendra instituciones líderes

Por Emilia Santos Frias

Realizar el plan de responsabilidad social o política de responsabilidad empresarial, es adentrarnos en el bien hacer, en la buena gestión administrativa, institucional, porque esta estrategia lo cimenta. Este, al ser una construcción didáctica oportuna, posible y sistemática, propicia el efectivo posicionamiento de una organización, empresa e institución; la convierte en líder.

Pero, para llegar a obtener este logro, esta guía de acciones corporativas debe estar lógicamente, cónsonas con la filosofía institucional, el Plan Estratégico Institucional y los planes operativos, porque es una programación, un documento de gestión y de evaluación, que pauta las directrices generales que debe seguir la institución, empresa u organización de manera estratégica y sostenible.

Por lo que, es esencial que sus gestores, comunicadores estratégicos por excelencia, investiguen, así como, todos los convocados a su realización; que identifiquen sus capacidades corporativas, en recursos técnicos y humanos; conocer nuestros límites, para identificar los indicadores de resolución de problemáticas y los facilitadores de la resolución de esas dificultades: Un buen diagnóstico realizado antes de accionar en la comunidad, puede ayudar bastante. La planificación de RSE no admite improvisación.

Algunas actividades importantes a enumerar en este plan de compromiso social son aquellas de sostenibilidad, de servicio comunitario, pero a largo plazo, como una campaña para crear alianza entre la población en que se pernocta. campaña de alfabetización, de ser necesaria y urgente, incluso formación digital. Pero siempre se tendrá como plataforma o hilo conductor un valor para fijar el mensaje propuesto y obtener el impacto deseado.

De igual forma, apadrinar escuelas, hospitales, refugios, iglesias, equipos de béisbol, parques, isletas, bosques, montañas, caudales…, listados en un cronograma didáctico, con las acciones de bien hacer a ejecutar, bien enumeradas, sus tiempos y responsables.

Por eso, es necesario conocer los valores, la filosofía institucional completa, porque debe reflejarse en la programación de RSE. Además, las habilidades de la empleomanía; el talento, que de acuerdo a ellas realizaremos excelente y creativas actividades sociales, que deben listarse en los cronogramas que integrarán esta guía, junto a las directrices; los respectivos responsables y ejecutores.

Se planifica en equipo, donde todas y todos identifiquen proyectos y necesidades, problemáticas urgentes de la comunidad. El emprendedor Henry Ford, afirmaba que reunirse es el comienzo; mantenerse juntos es el progreso; pero trabajar juntos es el éxito.

Por eso los lineamientos y criterios del plan de RSE, donde se plantean y definen las estrategias, versaran de acuerdo a esas necesidades y aspiraciones, identificadas en conjunto, en la población objeto. El soporte debe gestionarse en alianza con otras instituciones homólogas, patrocinadores, líderes comunitarios o con recursos propios…

Es necesario profundizar en que, el uso de los recursos o presupuesto en un determinado proyecto o problemática, tenga importante impacto en la comunidad elegida para ejecutarlo. Siempre hay que priorizar las poblaciones donde haya mayor posicionamiento o deseo alcanzarlo, sin dejar de lado, caso de segmentos vulnerables. Listar a los aliados, las directrices del plan: organizaciones y líderes que apoyarán y colocar claramente en el cronograma cada detalle que contribuirá a propagar nuestro impacto corporativo en la vida de las personas.

Es preciso señalar paso por paso, las estrategias y el enfoque pertinentes, ¿cómo se sostendrá el programa de acción de RSE?, ¿Cómo impacta el plan de RSE la cultura de nuestra organización?, ¿con cuáles los instrumentos se va a medir el alcance de cada acción realizada?, ¿cómo valuar el modelo y la ejecución de nuestro plan de RSE para impactar más a la población y corregir errores?

De igual forma, ¿con quiénes evaluar para tener certeza de que el proyecto funcionó: con la comunidad o solo con los directivos de la institución?, y ¿cómo comunicar las acciones de progreso, éxitos, para que la población comprenda cada esfuerzo y se genere valor a la marca? Bien aseveró el cientista Benjamin Franklin: «Sin continuo crecimiento y perseverancia, palabras como mejora, logro y éxito no tienen significado».

Hasta pronto.

santosemili@gmail.com

La autora reside en Santo Domingo