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La violencia de género el otro virus mundial

Por Araceli Aguilar Salgado  /

«El amor jamás golpea».  Laura Iglesia San Martín

La pandemia también ha conducido a un fuerte aumento de la violencia contra las mujeres y las niñas, con las medidas de confinamiento en vigor, muchas mujeres se encuentran atrapadas en casa con sus abusadores, con dificultades para acceder a servicios que están padeciendo recortes y restricciones.

Dado que los casos de COVID-19 siguen sobrecargando los servicios de salud, los servicios esenciales como los refugios y las líneas de atención en los que se atiende a quienes padecen violencia en el hogar han alcanzado el límite de su capacidad, por lo que es preciso redoblar los esfuerzos para que enfrentar la violencia contra las mujeres pase a ser una prioridad en las medidas de recuperación y respuesta a la COVID-19.

Esta problemática que tampoco es privativa de nuestro estado, desafortunadamente a nivel regional y mundial es consecuencia de estructuras sociales fundadas en machismos y roles que deben de ser erradicados, mismos que están los casos que no son denunciados, aunque se ejercen no son contabilizados formalmente por las autoridades, por otra parte hay otro tipo de violencia que pese a no verse en los cuerpos de las víctimas están presentes, tal es el caso de las agresiones verbales, psicológicas, económicas, digitales, entre otras, para quienes la sufren permanecen en muchos casos como heridas abiertas de por vida.

La violencia de género desafortunadamente es un virus que solamente se visibiliza o permite su denuncia con las lesiones físicas, para revertir de fondo la situación son importantes tres puntos: en primer lugar que la víctima esté consciente de que está siendo violentada; en segundo, que esta haga las denuncias correspondientes; y el tercero, el compromiso de las autoridades para que a través de la educación, de igual manera tiene que dirigir sus políticas públicas a la reeducación del varón y no sólo del varón también a la mujer, se reproducen modelos, se reproducen paradigmas sociales, para que las nuevas generaciones disminuyan sus actitudes machistas y cambien los roles de género, mismos que tienen que ser reconstruidos y repensados para que la sociedad realmente tenga un tejido social fuerte.

Los nuevos datos muestran que, desde el brote de la pandemia, la violencia contra las mujeres y las niñas (y, especialmente, la violencia doméstica) se ha intensificado, según datos recogidos por Naciones Unidas, en Argentina, México, Colombia y otros países de la región, la violencia doméstica contra las mujeres creció en el año 2020 entre 30% y 50%, esto es un triste retroceso

Una de cada cinco mujeres y niñas, incluido el 19% de las mujeres y las niñas de 15 a 49 años, han sufrido violencia física y/o sexual por parte de una pareja íntima, durante los últimos 12 meses. Sin embargo, en 49 países no existen leyes que protejan específicamente a las mujeres contra tal violencia

Las mujeres también se ven más afectadas por los efectos económicos de la COVID-19, ya que trabajan, de manera desproporcionada, en mercados laborales inseguros, cerca del 60 % de las mujeres trabaja en la economía informal, lo que las expone aún más a caer en la pobreza.

Las mujeres desempeñan un papel desproporcionado en la respuesta al virus, incluso como trabajadoras sanitarias en primera línea y como cuidadoras en el hogar. El trabajo de cuidados no remunerado de las mujeres ha aumentado de manera significativa como consecuencia del cierre de las escuelas y el aumento de las necesidades de los ancianos.

Los escasos avances en materia de igualdad de género y derechos de las mujeres conseguidos a lo largo de las décadas están en peligro de retroceso como consecuencia de la pandemia de la COVID-19

Las mujeres no solo son las más afectadas por esta pandemia, sino que también son la columna vertebral de la recuperación en las comunidades, poner a las mujeres y las niñas en el centro de las economías dará lugar, fundamentalmente, a mejores resultados de desarrollo y más sostenibles para todos, apoyará una recuperación más rápida y encauzará al mundo para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Todos los planes de respuesta a la COVID-19, así como todos los paquetes y presupuesto de recursos para la recuperación, deben abordar los efectos en términos de género de esta pandemia, esto significa:

1.- Incluir a las mujeres y a las organizaciones de mujeres en los planes de respuesta a la COVID-19 y en la toma de decisiones;

2.- Transformar las desigualdades en el trabajo de cuidados no remunerado en una nueva economía de cuidados inclusiva que funcione para todo el mundo;

3.- Diseñar planes socioeconómicos con un enfoque intencionado sobre las vidas y los futuros de las mujeres y las niñas.

ONU-Mujeres ha desarrollado una respuesta rápida y específica para mitigar el impacto de la crisis de la COVID-19 sobre las mujeres y las niñas, así como para garantizar que la recuperación a largo plazo las beneficie, y para ello se ha centrado en cinco prioridades:

Mitigar y reducir la violencia de género, incluida la violencia doméstica.
Promover que la protección social y los paquetes de estímulo económico sirvan a las mujeres y las niñas.
Fomentar que las personas apoyen y practiquen el reparto equitativo del trabajo de cuidados.
Promover que las mujeres y las niñas lideren y participen en la planificación y la toma de decisiones de la respuesta a la COVID-19.
Garantizar que los datos y mecanismos de coordinación incluyan la perspectiva de género.

Por otra parte, se requiere hacer de los servicios de asesoramiento, entrenamiento a trabajadores de la salud para la identificación y derivación de casos, apoyo para mejorar el registro de situaciones de violencia y campañas de comunicación, entre otras muchas iniciativas.

Resolver este problema es crucial para garantizar la plena participación de las mujeres en nuestras sociedades y construir el capital humano necesario para un desarrollo sustentable, el empoderamiento económico y la creación de capital humano entre mujeres y niñas no solo les abren oportunidades, sino que son vitales para su independencia financiera y vale la pena recordarlo en estos días contribuyen a reducir la violencia de género.

La pandemia de la COVID-19 brinda una oportunidad para tomar medidas radicales y positivas que compensen las desigualdades tradicionales presentes en numerosas áreas de las vidas de las mujeres y para construir un mundo más justo y resiliente.

«Nunca se entra por la violencia dentro de un corazón». Jean Baptiste Molière

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, del Estado de Guerrero, México.