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Leonel y la liga sub-60

POR CARLOS McCOY

Aunque la Junta Central Electoral anunció que va a aplicar las leyes electorales, en un país acostumbrado a no respetarlas, el proselitismo político a destiempo va a continuar.

Posiblemente los precandidatos de los diferentes partidos políticos, apliquen un paliativo y bajen un poco su activismo comenzando a reunirse bajo techo, sin pancartas ni afiches, pero en una sociedad como la nuestra, acostumbrada a la chercha, no es verdad que esas promociones electorales van a terminar de golpe y porrazo.

Dicho esto, vamos a lo que nos interesa. Leyendo la lista de quienes se han lanzado al ruedo con miras a las elecciones presidenciales de mayo del 2024, lo que queremos resaltar en esta lid es que la mayoría de los candidatos son personas relativamente jóvenes.

En las venideras elecciones para la primera magistratura, hasta este momento, los aspirantes de mayor edad son Margarita Cedeño y Francisco Domínguez Brito, quienes, para esa fecha, no habrán cumplido los 60 años.

Hay otros potenciales candidatos, como son los casos de David Collado y Faride Raful, que ni siquiera llegarían a los 50 años.

Con Danilo Medina e Hipólito Mejía fuera del escenario, solo nos quedaría el eterno pretendiente que se resiste a entrar al mundo de la asesoría.

Leonel Fernández sería el único de esos aspirantes presidenciales que en el 2024 pasaría de los 70 años. Estaría fuera de la liga de los sub-60.

Pero hay algo que nos llama poderosamente la atención. Hay rumores de ponderación, esgrimidos como relevo generacional, de algunos descerebrados que andan promoviendo por los bajos, a lo mejor para hacerse los graciosos con el padre, una eventual candidatura de Omar Fernández.

Esto para nada debe extrañarnos. Aquí cualquier cosa puede suceder. Tenemos analfabetos funcionales en el congreso de la república, admitido públicamente por ellos mismos.

Estos promotores de infantes dirían que si Luis XIV de Francia fue rey a los cinco años no ven inconvenientes en que alguien de más de 30 sea presidente.

Sería espectacular asistir a una carrera presidencial entre una pareja de esposos ubicados en diferentes cuadras. Si a esto se le agrega el hijo, ya es algo de espanto y brinco.

Como diría Yaqui, «Somos así. Así somos»