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Los taponamientos vehiculares tocaron fondo en Dominicana

Por: Rolando Fernández

Cuando no se adoptan a tiempo los correctivos pertinentes, por las razones que sean, los males continuaran siempre in crescendo. ¡Qué buen ejemplo es este de que se trata aquí! La cosecha es obvia.

Es lo que viene ocurriendo entre nosotros hoy, con relación a la problemática que intitula, cuyos efectos se han duplicado en la actualidad.

Lo mismo está pasando con otras cuestiones locales muy tormentosas, que también   se encuentran en la misma situación de aumento lamentable entre los dominicanos, y han sido objeto del mismo tratamiento displicente por parte de las autoridades competentes, dejándoles de lado; cuando no, salomónicamente manejadas, a conveniencias de los políticos, y los gobiernos de turno.

Lo que está pasando hoy en este país con eso de los taponamientos vehiculares callejeros, que han tocado fondo en la actualidad, reiteramos, convirtiéndose en la temática del día a día a nivel nacional, por los tantos inconvenientes que vienen provocando a la gente, es algo causal, no casual. Ya no se trata de horarios específicos con respecto a esos, como tampoco de las llamadas horas pico establecidas.

La obligada inamovilidad ciudadana presente por tales motivos, se ha convertido prácticamente en una rutina, verificándose los impedimentos de tráfico en cualquier momento del día, o de las noches.

Son muy pocos los respiros que se tienen, si es que aparecen atajos para los desplazamientos viales requeridos por los ciudadanos. Eso, cuando no todo el mundo los conoce; que los transitan en busca de la misma facilidad de movimiento.

Ya en este país, regularmente, los que no tienen que salir por algún tipo de urgencia, o responsabilidad laboral asumida, a las calles y avenidas locales, evitan hacerlo.

Lo imperioso es lo que manda. Y, pobres los que en medio de un maremágnum vehicular desesperante de los que se dan aquí, sufran algún percance de salud, que amerite llegar con rapidez a algún centro médico; o, un problema intestinal repentino, con fuertes “cólicos”, que obligue a buscar un excusado con rapidez ¡Se muere, o se defeca en el camino!

Evidentemente, el gran desorden en ese sentido, es algo que se aprecia a diario, y que se verifica en las principales avenidas y calles del país, caracterizado principalmente por los angustiantes taponamientos de vehículos, como el “franqueo” de los gigantescos camiones de carga, que transitan al “unísono” con los automóviles livianos, siendo conducidos aquellos “monstruos” por desaprensivos choferes.

Es indudable que, la situación no es cuestión de ahora, sino que es algo viene de lejos. Que se ha venido dando entre nosotros desde hace un buen tempo, por motivos diversos, sin que se haya intentado ponerle coto real hasta el momento, ¡Se amaga, y no se da!,

Lo que ocurre es que, actualmente se ha incrementado sobremanera el problemazo, debido a una serie de factores notables que se advierten con claridad, y que son innegables.

Entre ellos están, la falta de conciencia ciudadana, y los manejos temerarios de moda, por parte de muchos conductores desaprensivos, ante la mirada indiferente de las autoridades dispuestas para los controles requeridos, y que son apostadas en las vías públicas de la capital, principalmente

Tales situaciones señaladas, son en adición a otras razones que no han sido atendidas en su momento por los organismos competentes, lo que podría ser por displicencia y conveniencias, cualesquiera de las dos cosas.

Destacables se reportan entre las mismas, y señaladas a todo pulmón por gente autorizada; primero, el no análisis y ponderación de la capacidad vial de que dispone el país, con respecto al excesivo parque vehicular que ya se tiene, producto de las demandas de las personas hoy, como del mismo crecimiento poblacional que se verifica.

Es evidente que, no ha habido ningún tipo de control, a pesar de todo, con relación a las importaciones de vehículos, que se debió suspenderlas por un periodo de tres años, al menos. ¡Pero no!

Las ferias para ventas de carros, que a traer más automóviles mueven, continúan alegremente. Se tienen con frecuencia esos eventos, otorgándose facilidades diversas, a los fines de estimular las compras por parte de la gente.

Más que notorio es que, medida correctiva alguna se ha adoptado en ese tenor. Así cabe destacarlo. No ha habido ningún tipo de prevención con relación a las actividades de ese tipo, pinceladas con lo comercial-financiero propiamente.

Las mismas continúan alegremente. Cada vez son celebradas más y más ferias, en las que como siempre, se ofrecen atractivas facilidades de crédito a los eventuales adquirientes.

En ese tenor, es incuestionable que, el traer vehículos desde el exterior a este país, sean nuevos o usados, representa un buen paquete tributario, en términos de la captación de ingresos por parte del Estado, como son aquellos que tienen que ver con la importación misma; la obtención de placas para poder transitar; la contratación de seguros; y, los demás gastos asociaos requeridos a cubrir, por las transacciones de las compras realizadas en ese orden.

De otro lado, también está el mayor consumo de combustibles, que se entiende es procurado, y que es por igual, de los propósitos, considerados, debido a la contribución que proporcionan en términos tributarios.

No se puede perder de vista, que los hidrocarburos que aquí se expenden, se reportan como los más caros en toda el área del Caribe, según los expertos en la materia. Y claro, a eso hay que sacarle provecho.

Que tal situación es debido, a las altas tasas impositivas aplicadas a los mismos; como, a los otros cobros abusivos, inexplicables, que entran a formar parte de sus precios, para favorecer siempre al Estado, como siempre es lo se entiende.

En línea con eso, la generalidad de la ciudadanía considera que, las grandes “quemas” de combustibles en las calles y avenidas nuestras, producto de los taponamientos de vehículos que se verifican, contribuyen bastante al logro de ese objetivo.

Es obvio que, durante el cúmulo de automóviles varados por ratos, los consumos se disparan considerablemente, proporcionando jugosos recursos económicos que se perciben, por concepto de los impuestos, y demás cargas aplicables.

De ahí que, mucha gente asocie en esta República la mala administración del tráfico vehicular, por parte de los agentes de la DIGESET, que de ordinario se cree son adrede.

Que, también están dentro del mismo abanico recaudador, las fallas en los sistemas de semaforización instalados, con el ingrediente notable de los benditos apagones sectoriales que se introducen, apreciándose como cosas que por igual están en consonancia con el provocar esos impedimentos de los vehículos, a los fines señalados.

Se consideran estos últimos factores, en segundo lugar, como partes de las   poderosas razones que provocan los taponamientos vehiculares a nivel nacional.

Como es lógico suponer entonces, a partir de esos connotados motivos expuestos aquí, es entendible que, en la nación dominicana se tendrán “tapones de vehículos” en calles y avenidas durante gran tiempo más.

Es “inferible” que, tan significativas y seguras fuentes de ingresos para el Estado, se procurará mantenerlas siempre, aun la pesarosa situación que provoque para la generalidad de la población.

Preciso es destacar, finalmente, que el funcionariado gubernamental, llamado a decidir e introducir las medidas correctivas pertinentes, en relación con tal problemática que se trata, no tiene razón para preocuparse por tal motivo.

Sus componentes pueden transitar sin dificultad alguna.  A ellos Se les provee de “franqueadores”; o, agentes de los mismos que dirigen el tránsito, para que le abran paso dondequiera durante sus travesías: se pongan a sus servicios.