Widgetized Section

Go to Admin » Appearance » Widgets » and move Gabfire Widget: Social into that MastheadOverlay zone

Un ejercicio de valoración por el caso Faña

Por: José Delance

Paterson, NJ.-La opinión pública tiene amplios conocimientos sobre la presencia en los medios de la figura del señor Leonardo Faña, desde antes de su llegada a la dirección del Instituto Agrario Dominicano (IAD), debido a las múltiples denuncias que realizara en varios momentos, incluidas sus comparecencias a diversos espacios de radio y televisión mediante los cuales se pronunció.

Desde entonces, Faña ha permanecido en el candelero por sus delaciones, lo que al perecer no le ha granjeado buenos adeptos en el entorno de la pasada administración y, en particular, los funcionarios pasados a los cuales ha hecho mención, pues hasta fue objeto de amenazas con posibles demandas si persistía en el asunto.

No soy muy versado en materia de leyes, pero conocimientos suficientes poseo para hacer alusiones de una índole concreta y aseveraciones precisas sobre ciertos aspectos en el discurrir de la vida. En tal sentido, esbozaré un análisis concienzudo de lo acarreado por el señor Faña en todo este entramado que se le ha montado desde sectores oscuros.

Debo señalar, que no he tenido la oportunidad de conocer de manera personal al señor Faña, pero sé de su rostro, las ideas que ha externado en los medios y de las cosas que se dicen; sin embargo, es de suma importancia destacar, que por mis investigaciones y el conglomerado diverso que le ha estado defendiendo hasta el momento, que se trata de una persona con un arraigo distintivo de valor.

El estallido noticioso que se desató en enero, el cual se ha estado orquestando y preparando su forma hacia la incriminación de Faña, nos indica que fue bien pensada la decisión de imponerle dos meses de prisión preventiva para completar el mamotreto. Pues, bien fue la connotación de mi hija mayor, quien estudió leyes graduándose con honores, de que no se corresponde la medida tomada, debido a que la querellante no estableció la razón en su desistimiento.

Esto se explica en que, acorde ella me dijo, no le fue concedida la base del principio de presunción de inocencia ni el principio “In Dubio Pro Reo”. En un buen derecho se indica que si el tribunal no está completamente convencido de que el acusado cometió un delito, el principio de duda razonable establece que el acusado debe recibir el beneficio de la duda.

En este orden, se debe aludirse a la presunción de inocencia, como un derecho fundamental, tomada como una certidumbre subjetiva del órgano judicial, puesto que nadie ha de considerarse culpable mientras no se demuestre que lo es. Además, In Dubio Pro Reo, está basado en que el órgano judicial ha mostrado dudas respecto a la culpabilidad del acusado por las pruebas valoradas.

Mis investigaciones realizadas se pueden conjeturar, sobre la base de mi análisis, que si el tribunal no estaba completamente convencido de que el acusado cometió ese delito, entonces el principio de duda razonable establece que el acusado debe recibir el beneficio de la duda (In Dubio Pro Reo), para no violentar sus derechos; que es la presunción de inocencia, como un derecho fundamental.

Para nadie resulta extraño que a Faña, le armaron una ‘camarona’, o sea, aquí hubo una componenda o una manipulación, adrede o no, de esta amañada decisión judicializada. Preguntamos, ¿cuál es el peligro que representa este señor estando fuera? ¿Existen algunas pruebas, ocultas, de que si no está preso, algo pueda suceder?

Señores, la instrumentalización del expediente que sumerge a Faña en la cárcel, preventivamente por dos meses, destruye su moral y enloda la verdadera independencia de la justicia; ó, es esto lo que se busca desde los estamentos que conforman los actores judiciales. Entiendo que esta es una muestra de que aun necesitamos avanzar más en los tribunales de la Nación como soporte institucional.

Cuan débiles somos en la judicialización de los casos, porque si estamos evaluando bajo premisas con interés particularizado, sin la más mínima profundización de una investigación, sin los claros análisis sobre la base de acciones que se correspondan y amparados en los cánones legales estipulados en los códigos que establecen los principios, entonces nos fuimos de bruces.

No podemos cruzarnos de brazos ante una situación que agrede con los principios y fundamentos de la legislación, porque cuando existen dudas, situaciones cuestionadas y sin explicación, no se trata de a quien se le acusa. Indiscutiblemente, basado en la ley, el imputado es favorecido por la duda, no condenado, pero la interpretación ha sido errada.

Conocemos que el señor Faña es una persona con un nivel social de alcurnia, de una incuestionable moral, que ha jugado un papel políticamente de prestigio y que no ha sido cuestionado socialmente, salvo ahora, por lo que resulta contraproducente el pensar que un juez se pueda tomar una duda como argumento para perjudicar un imputado.

No es posible que a un hombre de la calidad probada de Faña se le tilde como tal, porque estamos creando un mal precedente, lo cual pone en peligro el verdadero sentir democrático y administración de justicia, pues aquellos que basan sus denuncias al simple hecho de dañar, no pueden ser tomados en cuenta para judicializar ese accionar ya que los resultados pueden ser funestos al ser evaluados.

Ahora Faña, destituido de su cargo, está impedido del libre tránsito, vejado como un cualquiera tras las rejas; no obstante, cuenta con una legión amplia y solidaria, con manifestaciones para brindarle su apoyo. Sin embargo, todo esto no ha sido suficiente para demostrar su inocencia, pero existen otros que sí debieran estar en ese lugar y aun no han sido procesados e incluso, hay quienes se han querido librar; escudándose.

Esperamos que, a Faña, no obstante haber sido degradado, transgredido, ultrajado, vapuleado y hasta cierto modo traicionado, que a nadie le sorprenda, se le practique una meticulosa revisión sobre su caso, para que sea judicializado en buena lid, para que los entuertos desbocados de la ceguera judicial puedan encontrar una salida, no salomónica, al correcto proceso con apego a la ley y sus principios.