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Un país atormentado por crisis

Por Luís Céspedes Peña

Hoy, el país atraviesa por una de sus mayores crisis económicas y sociales, que unida a la pandemia del coronavirus, sigue aumentando la desesperación entre las clases más vulnerables, las que dependen de cómo funcione el gobierno, sin importar de qué partido político sea.

Esa vulnerabilidad atropella sin piedad a la clase media, la cual no tiene para donde coger, porque si lo hace pensando en unirse a los poderosos económicos, no sobrevive porque es aplastada.

Y si lo hace pensando en crecer apoyada en los pobres, en la actual situación de gravedad económica, entonces desaparece.

La clase media se fortalece cuando la alta desarrolla sus negocios en un país con bonanza económica y la pobre tiene movimientos para todas las áreas, produciendo su dinerito.

Hoy, los poderosos económicos, los que están fuera del alcance del gobierno, de los que dirigen la economía oficial, ven reducir sus ganancias. ¡Los que dirigen, apoyados por el Gobierno del Cambio, aumentan sus fortunas! El Estado es un protector de sectores empresariales. El proyecto de los legisladores que busca eliminar las exenciones fiscales a todos los sectores es bueno, pero podría ser un arma de doble filo. ¡Ojalá después no muera en el camino!

Hoy, la clase media, integrada por profesionales, empresarios del género, intelectuales, comerciantes, negociantes y otros, es mucho más pequeña que hace algo más de un año. ¡Está desapareciendo!

Cada día pierde más de su poder adquisitivo y vende sus vehículos u otras propiedades para pagar servicios o deudas. Y la clase pobre, simplemente se empobrece más.

El gobierno de Luis Abinader, que politiqueó ofreciendo un cambio, y por eso está en el poder, no se siente comprometido con el país, porque a decir verdad, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) no dijo qué era lo que iba a desarrollar cuando estuviera dirigiendo el Estado.

Pensamos que no se debe acusar de ser el responsable del desastre económico y de falta de seguridad que vive el país, porque los perremeístas nunca dijeron a qué tipo de cambio se referían. ¡Sólo hablaban de darle al país el Gobierno del Cambio!

Con la economía destruida, con la delincuencia que toca todas las puertas, sean las de los comerciantes, industriales, amas de casa, empresarios, militares, profesionales, estudiantes y otros sectores, es que nos damos cuenta de que el cambio que promovió el PRM, con sus aliados, era el de la destrucción del desarrollo general que había antes de que esa entidad gobernara.

Sus principales funcionarios son multimillonarios. Y así actúan. No les importa que los pobres mueran lentamente de hambre. Los precios de los alimentos y las medicinas suben semanalmente. Los materiales para la construcción por igual.

A los muchos sufrimientos, el gobierno ahora quiere agregarle una reforma fiscal para seguir aumentando los impuestos que ya existen y poner otros nuevos. El gobierno dice que va a controlar la delincuencia, pero con agentes policiales y militares ganando suelditos que no les da ni para pagar los alquileres de las casas donde viven, no es posible.

Pensamos que el gobierno amenaza con la reforma fiscal o los préstamos, como advirtiendo que si no le aceptan una cosa, hace la otra. Y si no le permiten ninguna de las dos, vende todas las empresas del Estado. ¿Y ese es el cambio prometido?

Lo ideal sería que el Presidente Abinader disminuya en un 50 por ciento los salarios de los ministros, viceministros, directores generales, administradores y gobernadores que ganan más de 175 mil pesos mensuales.

Y, en el caso de la reforma de la Policía, lo que el gobierno busca es salir de la mayoría de los generales, coroneles y otros oficiales de los regímenes anteriores. ¡Y también de las Fuerzas Armadas, como lo está haciendo! Se espera que el gobierno cumpla con la promesa de que el salario mínimo de los agentes, sea de 25 mil pesos mensuales.

El gobierno, desde que el PRM asumió el poder, lo que está haciendo es poner la administración pública más pequeña, cancelando servidores del Estado, civiles y militares. Su gestión debe concentrarse en recuperar la economía y garantizar la seguridad ciudadana, que en ambos casos, hasta el día de hoy, son fracasos.

Vender las empresas del Estado a un grupo del sector privado, como es el proyecto del gobierno del PRM, tampoco es una solución a la crisis económica actual.

Como el actual Presidente prometió un cambio, se creyó que cuando fuera el jefe de Estado, iba a disponer la reactivación de los Ingenios públicos, pero lo que hizo fue abolir al Consejo Estatal del Azúcar (CEA), para que en un futuro el país se convierta en un importador del dulce y también se siga tirando a la calle a millares de trabajadores, pero garantizando que las propiedades de ese organismo, sean adquiridas por grupos económicos a precios de vacas muertas por enfermedades.

Lo peor es Punta Catalina, que en 20 años los dominicanos no hemos pagado los préstamos que hizo el anterior gobierno para construirla, pero el actual régimen quiere entregársela a un sector de sus empresarios.

¡Y así ocurrirá con la mayoría de las empresas del Estado! Pensamos que el Presidente Abinader, aunque creemos que tiene buenas intenciones para el país, no tiene el control de los grupos poderosos que lo llevaron al poder y que dirigen el Estado.

¡Gracias por leernos!