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Venecia, por falta de municipalidad local

Por: Rolando Fernández

¡En eso se convierte Dominicana!, desde que caen dos o tres milímetros de agua lluvia sobre la misma. ¡Innegable la afirmación, verdad!, por cuánto se puede apreciar, debido a esa circunstancia. Los referentes abundan,

Aunque osado el símil, por las características propias de aquella ciudad italiana, considerada “como una amplia laguna, repleta de pantanos, y enclavada entre tierra firme y mar abierto”, que fuera fundada en el año 421, con respecto a la nuestra, que lo fue en 1498. ¡Gran tiempo después, no es cierto!

Mientras en aquella, que se tiene como la ciudad de los sueños, en términos de propaganda turística, las acumulaciones de agua que por doquier se producen, se deben a razones de índole natural propiamente, y son aprovechadas las mismas para la realización de actividades productivas, como la pesca, y la explotación de la industria turística, aquí el asunto es muy diferente.

En Dominicana, es por causas muy distintas, y lo que provocan esas, siempre son inconvenientes en el tráfico peatonal y vehicular, amén de los focos infecciosos que generan para la población. Nadie puede transitar en ella cuando llueve, por las aceras, calles y avenidas. ¡Todo se inunda, se anega; es la de acabarse!

Desde hace muchos años la capital dominicana viene padeciendo de ese mal, y todo obedece, principalmente, a la falta de municipalidad apropiada; de autoridades edilicias que estén realmente preocupadas por su ciudad, lo cual no evidencian nunca, a pesar de haber sido elegidas para ello; como de los tantos recursos económicos que reciben los cabildos locales, por subvención estatal, y los arbitrios que cobran a la población, a veces hasta de forma abusiva.

Es por lo que, en gran parte, el drenaje pluvial en este país no sirve. Está totalmente descuidado por las autoridades competentes, municipales, y los mismos ministros de Obras Pública. Cada uno de esos   va y viene, aquí, sin nada hacer nunca en favor de las comunidades que les corresponden.

La situación se agrava cada vez más aun, producto de la inconsciencia cívica ciudadana, que observa el grueso de esta sociedad, por el lanzamiento de desperdicios diversos en las calles y avenidas que los munícipes hacen (basuras, plásticos diversos, y hasta restos de materiales de construcción), que tapan las alcantarillas y tuberías de desagüe que se tienen. También, por las rupturas alegres, y descuidadas después, de aceras, contenes y calles, que como es obvio contribuyen a enfangar.

Luego, cuando se produce algún tiempo lluvioso, o cae un ligero aguacero, de inmediato se pone de manifiesto la falta de funcionabilidad de todo el sistema de alcantarillado en la ciudad capital.

Y, “cuando la puerca retuerce el rabo”, como se dice en buen dominicano, es al momento de ser afectados por alguna tormenta tropical, como estas últimas acaecidas en el país; o, cualquier ciclón azota la isla durante la temporada.

Ahora, como reza una gran máxima, “todo es causal, nada es casual”. El origen de este terrible mal que afecta a esta República caribeña, está en la incapacidad, y la falta de voluntad política de los seudo alcaldes que son elegidos por la población, y el poco concurso que ofrecen los ministros de Obras Públicas que son designados en la posición, y que dirigen en cada una de ambas áreas del país, conjuntamente con sus séquitos acompañantes.

Con excepciones muy marcadas, los que han ocupado las poltronas edilicias, y del misterio señalado a nivel local, amén de ser simples políticos, e ineptos advenedizos, después que logran alcanzar esos cargos, solo van allí en busca de acumular grandes fortunas, y de hacer jugosos negocios con la basura, y la construcción de obras, respetivamente.

Algunos, hasta toman las posiciones tales trampolines apropiados, en pos de lanzarse después como candidatos hacia la presidencia de la República. Eso de preocuparse por las atribuciones de su competencia, pasa a un segundo plano. ¡Se hace lo que se pueda, y cuando se pueda!

Entonces, siempre se tendrán en este país grandes lagunas cuando llueva; como estancamientos de aguas por doquier, tan pronto se presente alguna tormenta; o, azote un ciclón tropical de los acostumbrados.

Pueblo, todos son culpables del gran mal: autoridades estatales, edilicias, etc., y tú, que debes concientizarte, respecto de cómo aprender a votar por quienes serán mandamases locales, para que las mofas y los engaños de todos estos políticos farsantes y demagogos, no prosigan.