El café, como pocas otras bebidas, acerca a las personas, un poder único. Nadie invita a un café para pelearse con otra persona. Matrimonios se han salvado porque alguien dijo: «Tomemos un cafecito»/
Por José Rafael Sosa
SANTO DOMINGO. El café no es una bebida cualquiera de las que integran el entramado cotidiano del consumo, definiéndole por sus características, en una circunstancia que convoca el singular sabor en cualquiera de sus presentaciones, la activación del sistema nervioso.
Además, el café es el lazo que acerca psicológicamente a las personas, incluyendo a aquellas que podrían estar distanciadas. Acerca a las personas gracias a un poder único que le define como singularidad respecto de otras bebidas. Nadie invita a un café para pelearse con otra persona.
Y pese a su importancia, a las cifras de consumo extraordinarias de que hace alarde en silencio esta bebida, la conmemoración dominicana, instituida mediante el Decreto No. 25-90 de 1957, firmado por el entonces presidente de la República Dominicana Héctor Bienvenido Trujillo (Negro Trujillo), es divergente de la proclamación del Día Internacional del Café a que convoca la Organización de Naciones Unidas, a instancias de la Organización Mundial del Café, en octubre de 2014, y se fijó su primera celebración en Milán, en el marco de la Expo Milano 2015, para el 1 de octubre de 2015
