Toca instrumentos; cantores chatarras; mensajes disparatados; y vestuarios estrafalarios

Por Rolando Fernández

En el tenor del amplio contexto de lo que encabeza, qué distintas son las esas cosas que hoy se tienen, con excepciones muy contadas. a las que ayer se observaban a nivel de los géneros musical, y artístico, no solamente en Dominicana, sino también en otras latitudes.

Si, entonces se tenían buenas orquestaciones acompañantes, en que se ejecutaban acordes, melodías, sonidos de calidad, etc., no improvisaciones mal logradas, como esas que en el presente se tienen; y, a las que están obligados a adaptarse los seudo artistas actuales.

También, se escribían en el pasado excelentes mensajes, y poesías valiosas, para ser cantados esos con voces selectas, secundadas con muy buenos arreglos musicales; con pericias dentro del género.

Sin embargo, lo que más se destaca en el presente, es un conjunto de canta malo, privando sus elementos componentes de artistas, lo que menos son; con un respaldo musical más que cuestionable; con unas indumentarias que lo que dan es asco en la mayoría de los casos; gorras con la parte de adelante hacia atrás, o hacia los lados; al igual que sombreros, qué no les van a esos usuarios.

Pero, además, desaliñados casi por completo; con argollas, aretes, clinejas; y, exhibiendo tatuajes corporales. El asunto es, obviamente, llamar la atención más que otra cosa, algo que no pueden lograr con la calidad de ejercicio que ostentan, ya que necesitarían de condiciones reales muy superiores en ese sentido.

Todo lo expresado hasta aquí, es en lo concerniente a los varones, por lo menos en apariencia, cuando no es que “juegan las dos bases”, como tanto también se ve de ordinario.

Evidentemente, los dineros gastados en los mercadeos diversos, por un tiempo significativo, para atraer fanáticos, e ignaros con respecto a los buenos artistas, como con relación, a la exquisitez exigible siempre en las musicalizaciones. Claro, se hace eso, mucho antes de llevarse a cabo los espectáculos en que se habrá de actuar.

Ahora, cuando se trata de mujeres en torno a la temática, ahí es que la piña se pone agria, como se dice, exhibiéndose casi desnudas por lo regular, entre otras cosas detestables; y, las apariciones bailando epilépticamente en adición, con movimientos corporales super atrevidos.

Ahora, el escenario deleznable de que aquí se trata, no se queda ahí, cuando a los supuestos artistas actuales todos, uno tiene que referirse; pues, también están dentro del mismo los humoristas de “pacotilla”, que se tienen aquí, y que solo inducen al público a reír, cuando ellos lo hacen primero, por sus cuestionables ocurrencias, y los propios disparates a que recurren en sus actuaciones. Para hacer reír a los espectadores y demás, hay que reunir suficientes condiciones. ¡Qué lejos están aquellos de esas!

Buenos compositores, que escribían poesías bien logradas, pinceladas con notables sentimientos, ya no los hay. Se produce hoy pensando solo en el populacho; “tarados”, porque es lo que vende desde hace tiempo. Lo bello, lo sutil, lo bien logrado, se hace difícil de mercadear.

Es esa última, la causa principal de la tanta basura musical-artística que ahora se respira a nivel de la sociedad dominicana, con la afectación evidente provocada por los ritmos degenerantes importados.

Se agrava todo lo expuesto aquí, con la existencia de un ministerio de Cultura local inoperante, actuando de espalda al buen quehacer nacional en ese orden; que nada más funge como “huacal” para las “botellerías” políticas a que se recurre, para reciprocar los gobiernos de turno con la gente que les hace campaña electoral, o aportan económicamente para el logro de las aspiraciones partidaristas.

Es un gran problema, por un lado, el descuido proveniente del citado ministerio; pero, está por el otro, la desaparición, prácticamente, de la llamada “Comisión Nacional de Espectáculos Púbicos y Radiofonía”, que en el ayer se tenía en el país, y que realizaba una gran labor relativa, principalmente, cuando estuvo encabezada por doña Zaida Ginebra Vda. Lovatón.

¡Qué mujer esa! Evidentemente, es un modelo en desaparición también; de los que ya brillan por su ausencia entre los dominicanos.

 

Autor: Rolando Fernánde